Ruidos y silencios
(Por Mujer Nueva, , 2010-05-28)

Los ruidos exteriores aturden, cansan, inquietan. A veces nos acostumbramos a ellos, hasta convertirlos en parte de nuestro ambiente natural distorsionado.

Los ruidos interiores confunden, dispersan, disminuyen nuestra capacidad de reflexión y de juicio. Desde la avalancha de sonidos e imágenes en lo exterior, la mente y el corazón son arrastrados hacia cosas más o menos insustanciales, o hacia impresiones profundas que nos paralizan, nos llenan de miedo, o nos “drogan” con felicidades de pirotecnia.

Ante tanto ruido, necesitamos momentos de silencio. Silencio exterior, para que el caos de la vida no martillee constantemente nuestros oídos y nuestra psicología. Silencio interior, para abrir espacios a pensamientos serios, a ideas fecundas, a las disposiciones que nos permiten acoger a familiares y amigos buenos que tienen tantas cosas que decirnos.

El mundo no puede vivir ahogado entre prisas, ruidos y angustias fugitivas. Hace falta abrir reservas interiores, parques del espíritu, para que los silencios del alma permitan a la mente y al corazón buscar caminos que llevan a la justicia, a la esperanza, a la amistad, a la alegría verdadera.

 

Bosco Aguirre

Colaborador Mujer Nueva

 

 
 
 
     
 
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