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| Sonríe, mujer.
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| (Por Nieves García, Mujer Nueva,
2010-08-20)
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Todos soñamos con el día en
el que no haya prisa para...llegar al trabajo, evitar el
tráfico, entregar el trabajo de universidad o el informe mensual
en el plazo previsto, pagar las deudas que nos presionan,
llegar a la cita del médico... Todo se hace con
prisa y si no, da la impresión de que lo
que hacemos no es importante. Y en este acelere de
vida, donde el tiempo corre delante de nosotros sin que
nunca lo alcancemos, no podemos permitirnos el lujo de sonreír
a los otros, porque tenemos... prisa.
Pero el
tiempo es la vida, y solo tenemos una. Vivirla entre
seres humanos serios, y siempre con prisa, es una triste
vida.
Todas las mujeres conocemos por experiencia personal,
el poder de una sonrisa. La hija sonríe al padre
para pedir un permiso; la esposa al marido para sugerir
una iniciativa diferente; la joven para disculparse por su impuntualidad;
la anciana para ocultar su dolor. Hay mujeres que sonríen
por imagen, otras para anunciar una pasta de dientes. Algunas
sonríen cuando se adula su vanidad, otras cuando necesitan un
favor. Yo no sé si antes las mujeres sonreían más,
pero tengo claro que nos ayudaría mucho, ahora, que lo
hiciéramos más a menudo.
Una sonrisa femenina, a tiempo,
evita el desahogo del malhumorado compañero y la posible discusión;
otras veces destensa la reunión de trabajo, y hasta puede
mudar un enojo en carcajada. La sonrisa de una mujer
conquista personas, serena a los niños, da seguridad al anciano,
motiva al marido indeciso. Leon Tolstoi decía que el niño
reconoce a la madre por la sonrisa, porque el hombre
agradece desde niño la amabilidad.
La mujer tiene una
especial capacidad para empatizar con el otro. Entiende mejor el
corazón humano. Lo llaman intuición femenina. Su sensibilidad le permite
“sufrir” con el otro, ponerse en lugar, compadecerse de verdad.
Y cuando la mujer descubre al hombre indefenso, no puede
evitar que ese sentimiento de ternura que le viene dado
por su natural afectivo, la invada. Entonces, sonríe, como una
forma de decir al otro: no te preocupes, apóyate en
mí. Esa sonrisa es un abrazo que acoge y da
seguridad. La fortaleza de la mujer empieza cuando sonríe en
los momentos tristes.
Para que la mujer sonría
tiene que aprender a vivir “despacio”, sin dejarse atropellar por
el torbellino de las circunstancias. Necesita tiempo para estar atenta
a los otros, a los suyos... Cuando los vea, descubrirá
sus necesidades; y si las descubre, se entregará a remediarlas.
La mujer es madre siempre. Entonces sonreirá pero lo hará
desde dentro y su sonrisa tendrá luz.
Por eso,
si alguien tiene que sonreír mucho, en el claroscuro mundo
de hoy, es la mujer. Todos se lo vamos a
agradecer.
ngarcia@mujernueva.org
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